Un poco de historia: de Blandae romana a destino turístico
La historia de Blanes se remonta a la época romana, cuando era conocida como Blanda o Blandae, un pequeño asentamiento vinculado al comercio marítimo. Su posición estratégica junto al Mediterráneo favoreció el desarrollo de la actividad pesquera y comercial, algo que aún hoy forma parte de la identidad de la ciudad. Durante siglos fue una villa ligada al mar, con una economía basada principalmente en la pesca y la agricultura.
Con el paso del tiempo, especialmente a partir del siglo XX, Blanes comenzó a transformarse en un destino turístico importante dentro de la Costa Brava. El desarrollo hotelero y la mejora de las comunicaciones atrajeron a visitantes de toda Europa. Aun así, la ciudad ha sabido conservar elementos históricos como el castillo de Sant Joan, la iglesia de Santa María o la fuente gótica, que recuerdan su pasado medieval.
Geografía y entorno natural
Blanes se encuentra junto a la desembocadura del río Tordera, que actúa como frontera natural con municipios vecinos como Malgrat de Mar o Palafolls. El término municipal ocupa una superficie de poco más de 18 kilómetros cuadrados, combinando zonas urbanas con espacios naturales, acantilados y pequeñas calas. El paisaje alterna playas abiertas con tramos rocosos y bosques mediterráneos.
Uno de los elementos geográficos más característicos es Sa Palomera, una roca que divide la bahía y que se considera el punto simbólico donde empieza la Costa Brava. Desde allí se puede contemplar buena parte del litoral de la ciudad y entender por qué este lugar ha sido durante siglos un enclave estratégico tanto para pescadores como para navegantes.